María Teresa Bonilla

El “boom” de las mascarillas tiene efectos secundarios

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FOTO DE ARCHIVO: Una camarera porta una máscara protectora en un restaurante de Moscú, Rusia. 8 de julio de 2020. REUTERS/Maxim Shemetov/File Photo

5 de octubre, (Reuters).  El brote de Covid-19 es lo mejor que le ha pasado a la industria de las mascarillas, pero va a ser necesario hacer una limpieza. Entre los efectos secundarios del “boom” se encuentran las peleas diplomáticas, los escándalos sobre la calidad, la estafa y el fraude. Lidiar con el exceso de capacidad y una montaña creciente de residuos de polipropileno será un auténtico quebradero de cabeza.

El miedo a la enfermedad es un motor fiable para el consumo. Dada la desesperación de las autoridades por abastecer a los asustados electores, las empresas con la maquinaria adecuada convirtieron rápidamente las líneas de fabricación para producir equipo de protección individual, conocido como EPI. La empresa 3M, con sede en Minnesota, dijo que la demanda de mascarillas N95 en el sector de la salud de Estados Unidos aumentó hasta 40 veces respecto a los niveles prepandémicos.

Al mismo tiempo, un ejército de intermediarios, especuladores y defraudadores entraron en acción para satisfacer la demanda.

La Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo proyecta que las ventas anuales de mascarillas aumentarán más de 200 veces hasta alcanzar los 166.000 millones de dólares en 2020.

Este incremento podría no ser suficiente para saciar el mercado actual. A nivel mundial, 3M ha duplicado la producción de sus respiradores N95 desde enero, y está en camino de producir 2.000 millones de respiradores para finales de 2020. Sin embargo, la compañía cree que la demanda de los N95 y otros respiradores todavía excede la capacidad de toda la industria.

China ya representaba aproximadamente la mitad de la producción mundial de mascarillas al comienzo de la crisis, según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico. Es posible que ahora cuente con más, dada la rapidez con la que sus ágiles responsables de fábricas se volcaron a la fabricación de EPI.

El fabricante de coches eléctricos chino BYD, por ejemplo, se puso en acción y firmó acuerdos de suministro con el japonés SoftBank y el estado de California, entre otros; ahora sostiene que es el mayor fabricante de mascarillas del mundo. El grupo de comercio minorista estadounidense Gap vendió 130 millones de dólares en mascarillas en el segundo trimestre.

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