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Resignados, ecuatorianos esperan los restos de sus familiares tras letal terremoto

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Red Cross members cut an iron rod at a collapsed building as they search for victims in Pedernales, after an earthquake struck off Ecuador's Pacific coast, April 20, 2016. REUTERS/Henry Romero

Red Cross members cut an iron rod at a collapsed building as they search for victims in Pedernales, after an earthquake struck off Ecuador’s Pacific coast, April 20, 2016. REUTERS/Henry Romero

PEDERNALES/QUITO, Ecuador (Reuters). 20 de abril.   Tres días después del feroz terremoto que estremeció a Ecuador, miles aguardaban resignados los cuerpos de sus familiares para poder despedirse por última vez. Otros, optimistas, continuaban a la expectativa de que rescatistas hallaran a los suyos.

A pesar de que se había logrado rescatar a 54 personas con vida, los fallecidos subieron a 525, según el más reciente reporte, superando la cifra oficial de muertos por el sismo mucho más poderoso que castigó a Chile en el 2010.

El presidente Rafael Correa dijo el miércoles que la cantidad de fallecidos seguirá aumentando, aunque a menor ritmo.

“Esto es dolorosísimo, hemos llorado a nuestras víctimas y hay que seguirlas llorando, pero que esas lágrimas fertilicen el suelo del futuro”, aseguró en rueda de prensa. “Vamos a salir adelante y vamos a salir fortalecidos”.

Poco después de que el sismo de 7,8 de magnitud golpeara la costa ecuatoriana, Correa dijo que era el peor terremoto desde hace casi 40 años, pero tras conocerse la extensión del daño, aseguró que es la peor catástrofe desde el terremoto de Ambato, que causó la muerte de más de 5.000 personas en 1949.

La tragedia puso más presión sobre la ralentizada economía del miembro más pequeño de la OPEP, y el mandatario calculó que le costará al país andino hasta 3.000 millones de dólares, o tres puntos de su Producto Interno Bruto (PIB).

Y el miércoles, Correa adelantó la posibilidad de emitir bonos para financiar la multimillonaria reconstrucción.

“Estamos viendo posibilidad de colocar bonos en el mercado internacional, pero se han planificado otras medidas”, dijo.

A flattened car is seen under the debris of a collapsed hotel after an earthquake struck off the Pacific coast, in Pedernales, Ecuador, April 19, 2016. REUTERS/Henry Romero

A flattened car is seen under the debris of a collapsed hotel after an earthquake struck off the Pacific coast, in Pedernales, Ecuador, April 19, 2016. REUTERS/Henry Romero

De concretarse, sería la tercera incursión en los mercados globales del país andino desde que declaró una moratoria en su deuda en el 2008. Actualmente, Ecuador tiene en circulación unos 3.500 millones de dólares en bonos Global 2020 y 2024.

El mandatario izquierdista de 53 años, que gobierna Ecuador desde el 2007, agradeció la pronta ayuda internacional, pero dijo que la mejor muestra de solidaridad era visitar el país.

“Hoy necesitamos más que nunca esos ingresos del turismo”, dijo sobre la actividad que el año pasado le dejó unos 1.700 millones de dólares a la pequeña nación.

“COMIDA POR FAVOR”

Las imágenes de destrucción se repetían a lo largo de los más de 200 kilómetros de litoral afectado: sobre calles en las que solían levantarse casas, edificios y hoteles, ahora se apilaban toneladas y toneladas de escombros.

En Portoviejo, el incólume estadio de fútbol servía de centro de acopio, improvisado mortuorio y de morada para evitar que los lugareños volvieran a pasar la noche a la intemperie por temor a las incesantes réplicas, que ya sumaban más de 540.

La madrugada del miércoles, un fuerte temblor de 6,1 de magnitud azotó nuevamente la zona cero despertando a miles que, despavoridos, salieron de sus casas.

“No te puedes imaginar el susto”, dijo María Quiñónez, de 25 años, mientras esperaba en Pedernales por víveres. “‘¿Otra vez?’, pensé. Salimos corriendo hacia espacio abierto”.

Rescue team members carry the body of a victim at a collapsed building after an earthquake struck off the Pacific coast, in Pedernales, Ecuador. REUTERS/Henry Romero

Rescue team members carry the body of a victim at a collapsed building after an earthquake struck off the Pacific coast, in Pedernales, Ecuador. REUTERS/Henry Romero

A pesar de que la más reciente serie de sismos no generó más destrucción, se produjeron algunos desmoronamientos de estructuras dañadas y algunas carreteras terminaron de cuartearse, lo que complicaba la labor de los rescatistas.

Muchos pueblos aún no recibían víveres, y algunos damnificados viajaban a otras localidades cercanas para poder conseguir algo de comer, aunque tan solo fuera una fruta.

A la vera de la carretera entre Pedernales y Cojimíes, tres niños sostenían carteles que rogaban: “comida por favor”.

Correa aclaró que la ayuda sobraba, lo que estaba fallando era la distribución.

“ESTO VA A TOMAR AÑOS”

Pasadas más de 72 horas del mortífero terremoto, el Gobierno se concentraba en reubicar damnificados. Hasta la mañana del miércoles, habían sido albergadas más de 23.500 personas.

En paralelo, especialistas analizaban las edificaciones para determinar cuáles debían ser demolidas y cuáles no.

Correa detalló que la infraestructura pública soportó con mayor éxito que la privada el fuerte sismo y que la reconstrucción de colegios, hospitales y carreteras era prioridad.

El secretario de la Administración Pública, Pedro Solines, había dicho más temprano que la restauración de los pueblos devastados podría tardar hasta cinco años.

Y el presidente fue tajante al declarar que la labor no era fácil.

“No es que después de tres meses vamos a tener 10.000 viviendas para los damnificados. Esto va a tomar años”, dijo explicando que algunos pueblos serían completamente reubicados.

Los cientos de rescatistas y los 14.000 efectivos de seguridad, desplegados para mantener el orden, empezaban a usar mascarillas para combatir el intenso olor a descomposición.

Pero las autoridades llamaron a la calma y aseguraron que, por el momento, no se había detectado la presencia de vectores, como mosquitos o roedores, que puedan transmitir enfermedades y aseguraron que los cuerpos recuperados estaban siendo retirados por sus familiares.

Para enfrentar el peor escenario, no obstante, la agencia de las Naciones Unidas para los refugiados, ACNUR, envió un primer lote de repelente contra mosquitos ante el riesgo de una epidemia del virus de Zika que afecta Latinoamérica.




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